El repartidor se llevó como propina un polvazo en toda regla

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Tras dejar entrar al repartidor, esta rubia le pidió que le instalase esa pequeña máquina para hacer flexiones. Cuando fue a probarla, le pidió que le echase una mano para no hacerse daño y no pudo evitar tocarle el culito a esa jovencita. Ella pronto notó como entre los dos la cosa se ponía dura, así que dejó los ejercicios que estaba haciendo para zamparse su rabo y terminar la tarde pagándole sus servicios con una follada en el salón.